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Volar

Pensando en la angustia de nuestros jóvenes hoy, recordé esta historia contada por el Padre Georges Madore, smm

Una vez un águila puso su huevo en un gallinero. El aguilucho nació en el corral, rodeado de polluelos. Entonces aprendió a hacer como ellos. Picoteó la tierra, rodeó el gallinero, nunca voló más de un metro de altura.

Pero un día, un águila flotando en el aire lo vio. Descendió cerca del águila y le reveló su verdadera naturaleza: "Eres un águila", le dijo. Eres capaz de mucho más de lo que haces allí. Puedes llegar a la cima de las montañas, si te atreves a despegar. Sígueme, te llevaré hasta el final de ti mismo. Haré crecer lo que duerme en ti.

Al escuchar esto, las gallinas comenzaron a burlarse. Pero lo que tenía sobre todo el aguilucho era el miedo que llevaba dentro de sí mismo. ¿A dónde lo llevaría? Finalmente no le faltaba nada en su gallinero. Encontró todo allí: comida, seguridad. Todo, excepto lo esencial: es verdad en sí mismo. No podía convertirse en un águila mientras permaneciera en el corral.

¿Cuál es la moraleja de esta historia?

Incluso más que el águila, ¿el joven tiene que descubrir su identidad para darse cuenta de sí mismo y asumir su papel de adulto en la sociedad?

¿Y quién mejor que los padres podría llevar a su hijo, paso a paso, a tomar el vuelo como ser sexuado, llamado a entrar en el gran movimiento del amor?

Pero aún es necesario que los padres lo sepan y asuman su verdadera vocación parental; y también que el mundo deja a los padres con la posibilidad de asumir su propia vocación.

Para cumplir este objetivo, en noviembre de 1997 nació el Centro de Investigación y Educación en Vida Familiar (CRÉVF), hoy CIREF.